Escribir sin musas
Cortesía de Pedro Gala
Te preguntarás cómo es posible que llegue una carta de Sergio entre semana, ya que desde que abrí este espacio de presencia elegí el domingo (día del Sol) como mi día favorito para publicar. Sin embargo, hoy es una publicación diferente, es una colaboración nacida en esta fantástica comunidad de Substack. La primera de muchas.
El texto que comparto ha sido creado por Pedro Gala, un gran compañero de viaje en este camino de las letras, alguien valiente que cambió el mundo corporativo por la literatura y el PowerPoint por compartir desde el corazón.
Sin más preámbulos, os dejo con su fantástico texto:
No creo en las musas. Al menos, no como algo que baja del cielo y me toca el hombro para dictarme una historia. Lo que creo es que escribir es una forma de estar presente. Una práctica, casi un ritual. Algo que se hace aunque uno no tenga ganas, aunque no sepa muy bien qué está buscando. Se trata, más que de inspiración, de estar disponible.
Mis historias nacen muchas veces de una pregunta. Una escena que me inquieta. Una persona que veo en la calle y que no puedo dejar de imaginar. Me la llevo conmigo, la mastico durante días, a veces semanas. Y cuando vuelve, transformada en algo más nítido, la anoto. Puede ser en el móvil, en la libreta, en la servilleta de un café. El soporte da igual: lo que importa es no dejarla escapar.
Después viene la parte que muchos no ven: investigar. Buscar, leer, contrastar. Documentar hasta que los detalles cobren verdad. Escribir ficción no significa inventar al azar. Significa construir un mundo en el que incluso lo fantástico tenga raíces. Y para eso, necesito saber de qué tierra vengo.
A veces una historia me pide París en invierno. O una máscara china del siglo XIX. O el gesto exacto con el que alguien apaga un cigarro. Ahí empieza otra parte del trabajo: zambullirme en archivos, leer artículos, mirar fotos antiguas, estudiar mapas, escuchar testimonios. No siempre uso todo lo que encuentro, pero me ayuda a pisar con firmeza en el universo que estoy creando.
Y sí, me acompaña la tecnología. Trabajo con herramientas como ChatGPT para desarrollar atmósferas, para explorar ángulos nuevos, incluso para visualizar escenas a través de imágenes. No es trampa: es parte del proceso. La ficción, después de todo, también es un juego de espejos.
Escribo cada día. Aunque no publique. Aunque borre. Aunque me disguste lo que sale. Porque creo que solo a través de la constancia se llega a algo que merezca la pena. No espero a estar inspirado: me siento y escribo. Algunas veces sale oro. Otras, barro. Pero sin el barro no hay forma de encontrar lo otro.
Mis textos no vienen dictados por una voz etérea. Vienen del mundo, de lo que observo, de lo que me hiere, de lo que me conmueve. Es mi forma de entender lo que me rodea, de darle forma a lo que no sé decir de otro modo.
No escribo para entretener. Escribo para comprender. Y en el mejor de los casos, para compartir un instante de lucidez con quien me lee.
Esto no es una confesión. Es una declaración de intenciones.
Así escribo. Así vivo.
Gracias por leer.
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Nos seguimos leyendo.






"Así escribo. Así vivo".
Me ha encantado, Pedro, nunca he escrito ficción y me encanta cuando nos abrís una puerta al proceso de hacerlo. ¡Gracias!
Creo Pedro que los mayores beneficiados de este proceso somos los que escribimos. Escribir supone autoconocimiento, supone sentirse libre, sacar y sanar las emociones, reducir a granos de área lo que nos parecieron montañas y si además tienes claro, como es tu caso, la temática que te encanta tratar, investigar, publicar y hacernos partícipes de tan bonitos escritos.... Pues ya estaría la fórmula perfecta. ✨